lunes, febrero 27, 2006

Lo imprescindible

Mi madre diría que soy anárquica y que no tengo horarios. Que mantengo a mi cuerpo bajo un absoluto descontrol, o incluso que soy una inmadura y que me falta el criterio en estos aspectos. Y posiblemente, sea cierto.


Pero al mismo tiempo, también es cierto que yo no puedo prescindir de estos momentos, de la posibilidad de soledad que me ofrece la noche cerrada. Me gusta esta intimidad. Me relaja más que ninguna otra cosa. Su arrullo me permite encontrarme a mí misma, aunque sea en mi indefinición y desequilibrio.


Puede que haya estado todo el día jugando con las horas del reloj, intentando adelantarle y superar su ventaja por defecto; puede que me hayan dolido las punzadas guardadas, que a veces se acumulan y se agolpan, y pretenden salir, exigiendo mi atención en su desaliento; puede que haya sonreído abiertamente y sentido el golpe brusco de los instantes sorprendentes. Seguramente, haya actuado muchas veces sin pensar, en la improvisación necesaria o en el mecanismo de los actos repetidos; seguramente, también, haya pensado sin actuar otras tantas, perdiendo las ocasiones, las irrelevantes y las que escondían la relevancia.


Pero todo se consume en la noche, el cansancio desaparece repentinamente en el intervalo de minutos, y se encuentran las nuevas perspectivas. Todo puede olvidarse o retomarse, y ya nada es importante, sólo tú y la noche, en su desdoblamiento del desvelo, en su pausada inspiración, en su secreto guardado tras rendijas.


Y verdaderamente, no es nada más, que un instante en un regazo.


martes, febrero 21, 2006

Mientras sueñe

Debe haber un sueño, o varios sueños, dentro de cada uno de nosotros. Un sueño que te haga sonreír cada mañana, aunque te esperen las calles vacías de la madrugada. Un sueño capaz de hacerte despertar por completo una vez que hayas puesto los pies en el suelo, al borde de la cálida cama.


No importa que se esconda en los detalles personales, o que se convierta en espejismo en el camino de otros; importa la intensidad con la que lo busquemos, el entusiasmo que nos empuje hacia su misterio, la magia que nos sorprenda antes de su último hechizo.


En ocasiones, lo he perdido al acercarme demasiado, como cuando te acercas silencioso a la llama de la vela, que se apaga al sentir tu proximidad y esconde la realidad en su falta de luz. Tú mismo te arrebatas la posibilidad de sentirlo tal y como fue imaginado, en la distancia que implica el nacimiento.


Siempre puede volverse al sueño, se le encuentra aletargado, acurrucado en el rincón, esperando a que reconozcamos sus rasgos únicos; o nos sorprende con la madurez que le ha otorgado la espera. Es por ello que es sueño. Nos conoce, se desprende de nuestra intimidad, nos brinda la oportunidad que necesitamos.


Y en el final, en el momento preciso, se somete y se arrodilla por nosotros; no se ha roto, pero ha dejado, de repente, de ser ilusión, para ser sentimiento pleno, o verdad palpable. Ha permitido el cambio, y nos lo ofrece ahora, dejando su sitio a la nueva fantasía.

martes, febrero 14, 2006

Esquinas y retazos

La semana pasada, en una de mis fugaces travesías de vuelta a casa, me entretuve entre estaciones con el periódico de la mañana. Y resalto lo de entretuve, porque a esas horas del día la cosa se me complica bastante, y aunque lleve un libro inyectado en vena, no consigo pasar del “ahora cuenta las páginas que has avanzado con los dedos de una mano y verás que te sobran unos cuantos”; llevo tal agotamiento mental, que no consigo entender un párrafo sin tener que releerlo, y cuando no quieres hacerle frente a la posibilidad de pérdida evidente de neuronas... cierras el libro y miras por la ventanilla, que el viaje por el túnel es interesante.

Así que lo de entretenerse con las palabras impresas tiene su mérito.


Y en el sin sentido de las palabras amontonadas, descubrí el sin sentido de la noticia de actualidad, de la realidad diaria y de las vidas ajenas.


¿De dónde sale la idea de un Parque Nacional en el que se permita la explotación forestal? ¿Pero eso no era algo antagónico? Cada día estoy más pérdida... y yo que pensaba que mi incapacidad se limitaba a la política... pensándolo... seguro que tiene que ver con eso...


Menos mal que después me encontré con la huida en el trailer de 18 toneladas. Me encantó; reírme me reí seguro. Él si que tiene carisma. Y eso que todo empezó por llevarse la radio del dichoso camión.


Claro que compite con la que ha tenido que dejar su casa de toda la vida por dar de comer a las palomas. Está candente el asunto últimamente. Pero, ¿están preparando las conciencias para un exterminio masivo? Yo por lo pronto, me he dado cuenta de que con cinco años ya empecé a engrosar mi currículum delictivo. Lo de dar de comer a las palomas estaba ligado a los paseos de las tardes de verano. Y a las de invierno y el resto de las estaciones. Lo peor es que también dábamos de comer a los patos.


Por cierto, que lo del currículum es una cosa que me está empezando a pesar últimamente. Ya podría entrar a hurtadillas y dejarlo caer en el lugar apropiado, delante de la persona apropiada. Siguiendo el ejemplo del agraciado que se dedicó a robar en casas de campo, y allí mismo se le quedó una copia de su CV. Con fotografía, por supuesto.


Y es que a veces un papel, y su contenido escrito, nos abre muchas puertas. Y otras veces, nos las cierra a cal y canto. Al menos, se pueden corregir las situaciones y existen las segundas oportunidades, aunque no lo creamos. Y tendríamos que creer con firmeza. Deberíamos creer hasta el punto de resucitar en la creencia.

Sobre el papel, lo consiguió oficialmente la barcelonesa que llevaba catorce años fallecida. Y tuvieron que abrir y cerrar actas en el Registro. Hacía falta para celebrar una boda.


Los que no se casarán nunca, pero disfrutarán de todas formas, son los pingüinos homosexuales alemanes. Parece que las clases de reorientación sexual no han conseguido su objetivo. Será por eso que la SGAE ha censurado la palabra Linux.


No es por nada, pero sabemos que a más de uno os gustan los pingüinos.

lunes, febrero 06, 2006

Buscando en la noche

Eterna en su cerrada oscuridad, un suspiro para el que dormita tranquilo, apagada y vibrante, lo inconfesable despierta lentamente.

Los verdaderos sueños esperan encerrados entre respiraciones acompasadas. Su lugar lo ocupan marionetas hasta la mañana ligera.

El cambio se presenta en la mente, y la mente no lo rechaza, sino que lo acuna hasta hacerlo independiente, hasta que se desprende del cuerpo como la semilla que se cede al aire templado. Y el aire la deja en tierra seca.

Todo puede alcanzarse ahora, en esta fingida eternidad, hasta la lluvia que alimente la semilla. ¡Qué grandiosa oscuridad tranquila! Mientras, sientes el aire y encuentras el día que comienza.


miércoles, febrero 01, 2006

Cinco hábitos (in)confesables... ¿o eran extraños?

LAS REGLAS DEL JUEGO SON:
El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título “5 extraños hábitos tuyos”. Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog, a propósito de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento. Al final, debéis escoger 5 nuevas personas a indicar y añadir el link de su blog o diario web. No olvidéis dejar un comentario en su blog o diario web diciendo:”Has sido elegido” y dices que lean el vuestro.

Por algo habría que comenzar, y a veces hace falta un empujón para decidirse, de ahí que lo de la selección de los cinco no me haya venido mal. Y tendremos que complacer a la musaraña. Que conste que esto es difícil, de musarañas y hábitos de musarañas no entiende mucha gente... y eso de los kikos... al menos no ha desmentido lo de los subterráneos.


Puestos a confensar, confieso:

1) Siempre voy corriendo del portal de mi casa a la parada del autobús. Siempre, sea la hora que sea. No quiero descubrir a lo lejos, perdidas en la penumbra, las rojas luces traseras y saber que no voy a llegar a tiempo. Desde luego, si las veo corro más aún, aunque sepa que es imposible alcanzarlas. En cualquier caso, sigo mi teoría de "el de antes siempre lo he perdido".

2) Tengo la necesidad de agarrarme a la barandillas de las escaleras, sobre todo si voy bajando, y especialmente si se trata de escaleras mecánicas, claro está, para bajar y en funcionamiento. A veces me cuesta poner el pie en el primer escalón...

3) Cuando me tomo un bocadillo de pan de molde, lo primero que hago es comerme los bordes (todos los bordes). La gente los quita y los tira, o los ignora y se los come. Yo los quito y me los como después. Por cierto, siempre como un número par de galletas, si llego al impar le sumo otra.

4) ¿Canto en la ducha? Pues sí, pero eso... es confesable y resulta de lo más estándar. Cantar canto, pero también bailo en la ducha; lo siento, pero no puedo evitarlo. Tampoco puedo evitarlo el 90% de las veces que paso delante de un espejo; si es en el baño del trabajo, el 90% de las veces que no haya nadie delante.

5) Lo de acostarse tarde por culpa del pc, las noticias, el msn, la conexión inevitable... se sobreentiende... Además de todo eso, yo escribo correos casi de manera compulsiva, o mando respuestas a los correos que recibo yo, aunque no vengan a cuento.

Elegiría a cinco más para continuar con la cadena pero o tiene blog y ya ha contestado, o tiene blog y no va a contestar (esto lo sé), o contestaría pero no tiene blog.

¡Siempre puede retomarse!