Buscando en la noche
Eterna en su cerrada oscuridad, un suspiro para el que dormita tranquilo, apagada y vibrante, lo inconfesable despierta lentamente.
Los verdaderos sueños esperan encerrados entre respiraciones acompasadas. Su lugar lo ocupan marionetas hasta la mañana ligera.
El cambio se presenta en la mente, y la mente no lo rechaza, sino que lo acuna hasta hacerlo independiente, hasta que se desprende del cuerpo como la semilla que se cede al aire templado. Y el aire la deja en tierra seca.
Todo puede alcanzarse ahora, en esta fingida eternidad, hasta la lluvia que alimente la semilla. ¡Qué grandiosa oscuridad tranquila! Mientras, sientes el aire y encuentras el día que comienza.

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