lunes, febrero 27, 2006

Lo imprescindible

Mi madre diría que soy anárquica y que no tengo horarios. Que mantengo a mi cuerpo bajo un absoluto descontrol, o incluso que soy una inmadura y que me falta el criterio en estos aspectos. Y posiblemente, sea cierto.


Pero al mismo tiempo, también es cierto que yo no puedo prescindir de estos momentos, de la posibilidad de soledad que me ofrece la noche cerrada. Me gusta esta intimidad. Me relaja más que ninguna otra cosa. Su arrullo me permite encontrarme a mí misma, aunque sea en mi indefinición y desequilibrio.


Puede que haya estado todo el día jugando con las horas del reloj, intentando adelantarle y superar su ventaja por defecto; puede que me hayan dolido las punzadas guardadas, que a veces se acumulan y se agolpan, y pretenden salir, exigiendo mi atención en su desaliento; puede que haya sonreído abiertamente y sentido el golpe brusco de los instantes sorprendentes. Seguramente, haya actuado muchas veces sin pensar, en la improvisación necesaria o en el mecanismo de los actos repetidos; seguramente, también, haya pensado sin actuar otras tantas, perdiendo las ocasiones, las irrelevantes y las que escondían la relevancia.


Pero todo se consume en la noche, el cansancio desaparece repentinamente en el intervalo de minutos, y se encuentran las nuevas perspectivas. Todo puede olvidarse o retomarse, y ya nada es importante, sólo tú y la noche, en su desdoblamiento del desvelo, en su pausada inspiración, en su secreto guardado tras rendijas.


Y verdaderamente, no es nada más, que un instante en un regazo.


1 Comments:

At 1/3/06 23:36, Blogger musaraña said...

Además, en la noche es cuando se toman las mejores decisiones ...

 

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